*Por Agustina Aromando, Responsable de gestión de las personas, aqnitio
¿Podemos medir todo lo importante? Esta pregunta se presenta una y otra vez en diferentes reuniones, muchas veces generando tensión y debate. Por esto último, nos invita a reflexionar sobre lo que medimos, pero sobre todo sobre cómo lo hacemos.
En la actualidad, y desde hace pocos años, la inteligencia artificial ha transformado nuestro quehacer en el mundo del trabajo. Es una herramienta concreta, cotidiana y de impacto particularmente visible: optimiza tiempos, automatiza procesos, genera predicciones y permite tomar decisiones basadas en datos con un alto nivel de precisión.
Gran parte de los roles operativos pueden apoyarse y potenciarse mediante IA. Es esperable incluso encontrarnos diariamente utilizando distintas herramientas de estas para resolver tareas, generar métricas e incluso indicadores.
En este contexto, el desarrollo de people analytics ha cobrado una relevancia central: las organizaciones cuentan con más información que nunca para comprender lo que sucede en sus equipos.
Acompañando a empresas, especialmente a negocios familiares, reconocemos también que existe una dimensión que no siempre se deja abarcar por los datos: la dimensión de las relaciones, los afectos, los silencios; aquello que circula en lo que no se declara, en lo no dicho. Aquella danza de subsistemas, el de la propiedad, la dirección y la operación, que hacen de su entramado, uno singular.
Jacques Lacan, reconocido psiquiatra y psicoanalista francés, aportó una perspectiva que resulta especialmente oportuna en el presente: “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”. Esta afirmación nos invita a considerar que aquello que no se dice explícitamente en los vínculos y, por lo tanto, en las organizaciones —los gestos, los malentendidos, las alianzas implícitas, resistencias al cambio, lealtades invisibles, conflictos que no encuentran palabras— también “habla”, también produce efectos y configura la realidad vincular. En otras palabras, no todo lo que circula en una organización puede ser capturado por datos, pero sí puede ser escuchado e incluso interpretado.
La inteligencia artificial puede detectar significantes que se repiten, modos de funcionamiento, situaciones existentes. Puede señalar, incluso, indicadores de desvíos o patrones repetidos. Pero lo que no puede aún es interpretar significados ni comprender el entramado emocional que los produce.
Desde aqnitio abordamos este punto como uno crucial. Nuestra misión es ser dinamos, y junto al cliente, transformar la fricción en energía. Entendemos que acompañarlos no es solo ofrecer soluciones técnicas, sino también habilitar espacios donde lo no dicho pueda empezar a nombrarse. Donde los equipos puedan pensarse a sí mismos, revisar sus dinámicas, y construir nuevas formas de vincularse. Es una habilidad transferible, que una vez incorporada no tiene retorno.
Declarada nuestra misión, concluimos que lejos de oponerse, la inteligencia artificial y la mirada de gestión de personas deben complementarse. La primera aporta velocidad, escala y capacidad analítica. La segunda, profundidad, sensibilidad y comprensión del contexto. El desafío no está en elegir entre una u otra, sino en articularlas de manera inteligente, para interpretar, traducir y dar sentido.
Porque si algo sigue siendo profundamente humano —y difícilmente automatizable— es la capacidad de construir vínculos, de escuchar lo que no se dice, de observar lo oculto y de intervenir con criterio en esa trama invisible que sostiene y tensiona a las organizaciones.
Esos desafíos son los que nos apasionan.


